Demoliciones

Fernández Juncos #701
demolida en octubre del 2006

Pertenecía a la primera generación de las Sears Modern Homes construidas en 1908.

De 1908 a 1940, Sears Roebuck and Co. vendió 110,000 kits de casas por catálogo, en 370 diferentes estilos. De éstas, se estima que alrededor de 75,000 fueron construidas. El primer catálogo, publicado en 1908, contenía 64 páginas y ofrecía 44 diseños de casas que fluctuaban en precio de $695 a $4,115. En adición a las 44 casas, Sears ofrecía los planos y los materiales de construcción para una escuela moderna que alegaba se podía construir por $11,500. Luego de seleccionar un diseño, se le requería a los clientes enviar $1. A cambio, por correo recibían una factura por la lista de materiales y los planos de construcción. Un par de semanas luego de hacer la orden, el cliente recibía dos vagones en la estación de tren mas cercana conteniendo cerca de 30,000 piezas de la casa que había ordenado con un libro de instrucciones de 75 páginas.





La historia de estas casas se ha documentado extensamente en libros y artículos. Hoy día estas casas forman parte de patrimonio construido de los EEUU a nivel federal y estatal. Sólo se han documentado 5,000, quedando cerca de 70,000 desconocidas o por ser descubiertas.





Miramar está de "luto"
por Clarissa Llenza
publicado el 17 de abril del 2004
Perspectiva, El Nuevo Día

Con el atroz derrumbe de la Casa de Lopito, (#654 de la calle Roosevelt en Miramar), no sólo se ha cometido un crimen contra el patrimonio arquitectónico del país, sino contra la memoria de un puertorriqueño ilustre que hizo de ella una obra de amor.

La primera vez que entré a la casa de madera, me impresionó enormemente su belleza. Pero más allá de lo preciosa que era su estructura por fuera, me impactó y embriagó el aire que se respiraba adentro. Lopito (quien era mi esposo) la había adquirido unos años antes y se había dado a la tarea de restaurar esta casa que había sido construida por la familia Cerra a principios del año 1900. Muchos lo tildaron de loco, pero su sensibilidad y amor hicieron convertirla en una joya, conservando su estructura original y dando de vuelta vida y lustre a lo que muchos pensaron era inalcanzable por su deterioro.

La casa construida a la usanza de la primera década del siglo XX era de una sola planta con un enorme sótano. Tenía un patio central a donde daban todas las habitaciones y estancias de la casa. La ventilación cruzada se dejaba sentir a través de sus 10 puertas de dos hojas con ventanas de celosía que bordeaban la casa hacia espaciosos balcones. Lopito conservó la apertura del patio central permitiendo entrar tanto el aire como la lluvia que corría por medio de dos canales hacia los desagües en el piso. Por espacio de ocho años tuve la grandiosa oportunidad de vivir en ese paraíso donde, a pesar de estar en plena urbe, se respiraba aire de campo debido a su estructura de madera y la gran vegetación que la rodeaba.

Los pajaritos entraban y salían a sus anchas y la casa proveía la sensación de estar en un lugar de retiro y sosiego. Muchas personas que paseaban frente a ella nos preguntaban si podían entrar a verla. Lopito, que era dado a la gente, se enorgullecía de mostrarla y compartirla. Sabía que vivía una casa que, aunque suya, era parte de nuestra historia. Aun cuando el huracán Hugo azotó la isla (en 1989), Lopito quiso permanecer en ella. Para sorpresa nuestra, su gran sótano sirvió de resguardo y la casa se sostuvo rígida, desafiando todos los pronósticos hechos de que no soportaría.

En ella se filmaron múltiples comerciales, secciones de fotos, exhibiciones de arte y películas, encuentros culturales donde se dieron cita espíritus generosos como los de Raúl Juliá, Justino Díaz, Antonio Martorell, Lucecita Benítez, entre otros. No había quien al traspasar sus dos puertas anchas no se sintiera a gusto. A todo el que entraba, Lopito contaba su historia de la vieja casa, y tal como me había sucedido, todos salían conmovidos y embrujados por la magia de la estancia. La madera de sus paredes y su techo de zinc hacía que en días de lluvia se respirara una humedad rica y el sonido del agua adormecía el espíritu.

Cuando partí de la casa a raíz de la muerte de Lopito, grabé en mi memoria cada rincón de la casa y aunque no tendría ya la oportunidad de gozar de ella, pensé que pasaba a manos de un arquitecto que la valoraría como merecía.

El pasado sábado 3 de abril, estando en el mismo vecindario donde resido y trabajo, escuché los gritos de una persona que se acercaba diciendo "Clari, tumbaron la casa". De inmediato supe de qué se trataba. Un enorme dolor me conmovió y fui hasta allí con la intención de poder obtener aunque fuera una puerta o una hermosa loza de cemento pintada de sus balcones, pero era tarde, los camiones habían entrado la noche del viernes y comenzando el día (sábado), estaba derrumbada en escombros.

No he dejado de preguntarme desde ese instante en qué Puerto Rico vivimos. En un momento donde la comunidad de Miramar se ha unido para que se designe zona histórica, ¿cómo era posible que esto hubiese ocurrido? Llovió todo el fin de semana y tengo que pensar que Lopito lloró desconsolado su añorada casa. Que pena que otros no tuvieran su misma sensibilidad para conservarla no sólo para disfrutar de ella como yo y los que tuvimos la oportunidad de vivirla a través de los años, sino como legado para nuestros hijos.

Miramar está de luto. Una vez más vemos como se esfuma la obra de puertorriqueños y con ello parte de sus memorias; como desaparece pedazo a pedazo y casa a casa una parte vital del patrimonio puertorriqueño.





Concordia 716
demolida el 24 de diciembre del 2004

Comisionada por el ilustre Juez Clemente Ruiz Nazario al arquitecto Pedro de Castro y Besosa, era una magnífica edificación de una planta construida alrededor de un patio interior en estilo neorrenacentista español.

El Tribunal Federal en Hato Rey lleva el nombre de este ilustre togado.









Concordia 649
demolida en marzo del 2004









Concordia 714
demolida en agosto del 2003







Revisado en febrero de 2007.
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