1941-1950
Hacia una Nueva Arquitectura
Contexto arquitectónico
La modernización y el rechazo del Resurgimiento español
Los vientos de guerra en Europa y la modernización del estado en Puerto Rico contribuyeron a la muerte del Resurgimiento español en la arquitectura puertorriqueña. Hasta esos años de guerra, los arquitectos, tanto en la práctica pública como en la privada, diseñaban en algún estilo histórico. El dilema de la identidad colectiva, que inspiró a nuestros arquitectos a mirar hacia España, dejó de ser prioridad en la arquitectura oficial del nuevo gobierno establecido en 1940. La transformación del modelo colonial, comenzada por Rexford G. Tugwell y Luis Muñoz Marín, requería de otra arquitectura para representar la ruptura con las cadenas del pasado. Los estilos históricos no cumplían con esta encomienda.
Sin embargo, los profesionales puertorriqueños de la construcción,
que contaban con suficiente experiencia, se habían educado
en escuelas de arquitectura que mantenían la primacía del
historicismo. También los egresados recientes, como Miguel
Ferrer (Cornell, 1938), aunque educados en un "estilo moderno", se
inclinaban al Art Decó, o el Estilo Federal. Ambos -los
profesionales y los recién graduados- necesitaban "maestros"
que los iniciaran en las formas de una arquitectura absolutamente
moderna que sirviera de lenguaje arquitectónico para el nuevo
Puerto Rico visualizado por Tugwell.
En 1943, Tugwell y los cuadros políticos del régimen crearon
el Comité para Diseño de Obras Públicas, un organismo paralelo
a los existentes en el gobierno para diseñar obras públicas a
la manera moderna. Una nueva arquitectura reflejaría e imprimiría
el nuevo orden social a la Isla. La producción arquitectónica
de este Comité revolucionó la arquitectura pública y aseguró
la inclusión del movimiento moderno en la práctica
de la arquitectura en Puerto Rico.
Para los arquitectos ya establecidos, la acción del Comité resultó fulminante. Casi todos, algunos a regañadientes, adoptaron lo funcional sobre lo historicista. Algunos, como el arquitecto Rafael Carmoega, primer arquitecto puertorriqueño en ocupar el cargo de Arquitecto del Estado entre 1921 y 1935, se ajustaron a este tránsito, como lo testimonia su diseño para el nuevo Casino de Puerto Rico en El Condado. El énfasis que el gobierno le dio al Movimiento moderno afectó dramáticamente la práctica de la arquitectura en Puerto Rico. Las oficinas que existían antes y las que se establecieron después de la Segunda Guerra Mundial, todas, sin excepción, abrazaron los principios del Movimiento moderno.
Hubo intentos de parte de nuestros arquitectos puertorriqueños, ya establecidos con carreras exitosas, de iniciarse en la nueva arquitectura. Según hemos podido apreciar, este intento generó una arquitectura de transición que hemos asociado con el estilo Moderne, por sus líneas horizontales, su falta de ornamentación, pero con cierta preocupación por mantener elementos considerados esenciales para la idiosincrasia puertorriqueña; como el balcón amplio, los plafones altos y algún detalle ornamental en la fachada principal. En planta, muchas de estas estructuras permanecían igual a las diseñadas en estilos historicistas con los cuales los arquitectos estaban acostumbrados a diseñar. Otros arquitectos, que posterior a 1945 se convertirían en propulsores del Movimiento moderno, como Miguel Ferrer, todavía en los años de 1940 a 1945 complacían a sus clientes cuando les pedían un diseño hispanófilo.
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Revisado en febrero de 2007.
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