1921-1930
Bungalows
Contexto histórico-arquitectónico
Durante el período pertinente a este contexto, los cambios urbanos en Miramar fueron reflejos de drásticas transformaciones y eventos cruciales. Entre los eventos significativos que nos ayudan a contextualizar ese desarrollo urbano y edilicio resaltan :
- el aumento en la ocupación física del barrio
- la formación de una intelligentsia académica y profesional nativa que cuestionó en diversos niveles las estructuras del poder metropolitano y la crisis en la construcción producida por el terremoto del 1918.
Los viajes de inspección arrojaron valiosa información que afectó la política de construcción de la División de Edificios Públicos. El arquitecto Adrian Finlayson, quien junto al Subcomisionado del Interior realizo una inspección preliminar de los daños ocurridos, recomendó que en Puerto Rico, los métodos más seguros de construcción por orden de preferencia eran los siguientes:
- armazón sólido de madera con tabiques del mismo material o de listones con empañetado de mortero
- armazón ligero de madera con tabiques de tabla
- hormigón reforzado
- ladrillos colocados con mortero de cemento
- piedra colocada con mortero de cemento
Sin embargo, el Departamento recomendó que las construcciones futuras de obras públicas se realizasen de hormigón armado por su resistencia a los terremotos y por la economía de construcción. De esta forma se privilegió este material sobre el ladrillo y la madera. Por la misma razón, el Departamento recomendó se eliminara el uso de tejas de barros sobre techos de maderas por un material más livianos, como el cinc. Estas dos decisiones cambiarían las prácticas constructivas en Puerto Rico y se reflejarían en las construcciones en Miramar durante este período. Por un lado, desarrollarían la industria del cemento y aumentaría la importación de cinc corrugado como material de techar y por otro eliminarían la industria del ladrillo y de la teja de barro.
De igual manera, una nueva generación de arquitectos jóvenes se
aupaba durante este segundo período de Miramar provenientes de
la escuelas de arquitectura estadounidenses. Su visión de la
arquitectura sería completamente distinta. En 1918, Puerto Rico
recibió al primer puertorriqueño egresado de arquitectura de una
universidad de los Estados Unidos, Pedro Adolfo de Castro y Besosa.
La academia había expuesto a los estudiantes puertorriqueños a los
múltiples estilos arquitectónicos validados por la profesión
norteamericana. El Resurgimiento Español formó parte del abanico
de opciones arquitectónicas.
Durante este período regresan a la Isla un primer grupo de
arquitectos educados en Estados Unidos, entre ellos, Rafael Carmoega,
Germán Ramírez de Arellano, Pedro Méndez, Raymond Dávila,
Augusto Plard y Eloy Ruíz.
El identificar a Puerto Rico con su herencia española permitía darle continuidad al sistema norteamericano desde adentro. Entre los edificios públicos de esta épocas diseñados en el vocabulario del Renacimiento español, se encuentran la Escuela Superior Central en Santurce (1920), la Escuela de Medicina Tropical en Puerta de Tierra (1924) y el Edificio Número 2 (Janer) de la Universidad de Puerto Rico (1925), todos ellos estructuras importantes que sirvieron de marco de referencia para el arquitecto puertorriqueño. Pero enviar a puertorriqueños a estudiar una carrera de cuatro años a escuelas de Estados Unidos no satisfacía la necesidad urgente que el gobierno tenía para desarrollar sus proyectos públicos. Por tal razón, en 1921, se estableció un Departamento de Arquitectura en el Colegio de Agricultura y Artes Mecánicas en Mayagüez.
Después de la Primera Guerra Mundial, Puerto Rico gozó de aumento marcado en los permisos de construcción para los proyectos públicos y privados que empezó a raíz del terremoto del 11 de octubre del 1918. Este aumento demandó un número mayor de profesionales de la construcción. Aunque desde el 1912 Puerto Rico contaba con un programa en ingeniería en el Colegio de Agricultura y Artes Mecánicas de Mayagüez, los arquitectos se entrenaban bajo la tutela de los arquitectos norteamericanos empleados en la División de Edificios Públicos del Departamento del Interior. Muy pocos puertorriqueños asistían a escuelas de arquitectura norteamericanas.
Motivados por esta situación que amenazaba con paralizar la producción de obras públicas en el país, en 1920 la Junta de Síndicos de la Universidad de Puerto Rico le solicitó urgentemente al recién nombrado Decano Horne del Colegio de Agricultura y Artes Mecánicas que, comenzando en septiembre del 1920, estableciera un departamento de arquitectura en Mayagüez. En el año académico 1921-1922, se matricularon catorce estudiantes en el programa de arquitectura. Con la siguiente escasa participación de estudiantes, se propuso eliminar el programa en Mayagüez y transferirlo a San Juan donde estaría bajo la supervisión del Comisionado de Instrucción y el Comisionado del Interior. En septiembre del 1924, fracasó este intento y se eliminó por completo el Departamento de Arquitectura de la Universidad de Puerto Rico sin haber graduado a ningún estudiante como arquitecto. Es paradójico el fracaso de este departamento en los momentos de mayor auge en la producción de diseños arquitectónicos en Puerto Rico. Sin embargo, una de las razones más importantes para su fracaso fue la inseguridad de los estudiantes ante el futuro del programa.
La eliminación de esta primera Escuela de Arquitectura como departamento de la Universidad de Puerto Rico en los momentos de mayor actividad profesional en la Isla, motivó al Arquitecto del Estado, Rafael Carmoega, a hacer un viaje a Nueva York en busca de arquitectos y delineantes arquitectónicos. Fruto de esa gestión, llegaron a trabajar a la División de Edificios Públicos los arquitectos Joseph O'Kelly, William Schimmelpfennig y Harry Pembleton. El Estado estaba presto a sufrir una gran transformación: los puertorriqueños asumirían un mayor rol en la dirección del país.
El auge en los ingresos a las arcas del país durante esta década,
antes de la Gran Depresión, se manifestó también en mejoras a
la infraestructura de la ciudad capital y en el gusto por adquirir
lo nuevo de la clase pudiente. Las ganancias en los negocios y
el aumento en el poder adquisitivo del sector profesional y
clerical hicieron de este periodo uno de consumo, tanto de
las cosas, como del ocio.
Un aspecto que incrementaría notablemente durante este periodo
es el de las comunicaciones. La telefonía y la radio formaban
parte de la vida cotidiana de las familias pudientes. El cine
se hacía más accesible, con la construcción de múltiples salas
de cine-teatro en la avenida Ponce de León, en el viejo San Juan,
y en sectores como Barrio Obrero y Río Piedras. Las carreteras
mejoraban, los sistemas de transportación pública aumentaban
el número de los autobuses y la avenida Ponce de León se convertía
en la arteria principal que unía todos los sectores de la
incipiente y nueva ciudad capital que ahora se extendía,
perceptualmente, desde El Morro hasta la iglesia de Nuestra
Señora del Pilar en Río Piedras. El automóvil comenzó su
dominio sobre la vida de la ciudad transformándose de un
lujo a una necesidad. La vida se agilizaba, y en la moda
como en la arquitectura las preferencias eran más livianas,
económicas y eficientes.
Contexto Urbano y Arquitectónico
En 1921 se estableció una nueva compañía desarrolladora en
el área de Miramar: la Miramar Realty. Debido a problemas de
carácter económico, la Corte de Distrito de San Juan ordenó
la disolución de la People´s Cooperative para 1912. La Miramar
Realty adquirió buena parte de los predios aún disponibles para
urbanizar. Esta compañía fue responsable por desarrollar
eventualmente la mayoría de los terrenos hasta la calle Cerra,
límite Este del barrio de Miramar.
Este desarrollo urbano vino acompañado de nuevos patrones
arquitectónicos. Los años intermedios entre la Primera y la
Segunda Guerra Mundial dieron paso a una abundante construcción
de residencias de hormigón en Miramar, muchas reemplazando
las quintas de madera.
Estas nuevas residencias salían
directamente de la fascinación con Hollywood, California y
Florida que el puertorriqueño había desarrollado gracias a
la prensa y al cinematógrafo. El nuevo tipo ágil en la
vivienda puertorriqueña será el denominado bungalow.
El bungalow es una casa pequeña generalmente de una sola
planta que tiene cubierta de madera y cinc a dos aguas y
que su cuerpo principal está construido de hormigón armado
o de materiales rústicos. El bungalow en Puerto Rico, por
lo general, cuenta con un amplio balcón en la fachada principal,
techos a dos o cuatro aguas de madera y cinc, aleros profundos,
paredes exteriores de hormigón reforzado y pisos en madera. Este
tipo de construcción enfatiza la simetría y las líneas horizontales
dando la impresión de amplitud o voluminosidad, aunque con medidas modestas.
Las nuevas residencias vinieron revestidas en los estilos arquitectónicos dominantes en el momento, en particular el Resurgimiento español en varias de sus manifestaciones estilísticas desde el California Mission Style, el Modernismo catalán, el Renacimiento español y hasta el Vasco; como también en el estilo de las praderas.
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Revisado en febrero de 2007.
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